Y es que hay veces que nos complicamos demasiado la vida. Pretendemos demostrar cosas imposibles a través de acciones insolitas, que somos muy dados a hacer grandes cosas para agradar a la persona amada, sobre todo cuando las cosas se tuercen.

Pero se nos olvida el día a día. Y es el día a día lo que hace posible la cohesión de los grandes momentos y las grandes hazañas.

Y aunque no se note, y aunque al final creáis que se crea rutina, cuando se hecha la vista atrás, a veces tan solo la presencia continuada, el apoyo constante y las pequeñas cosas, incluso quemar la cena, es lo que nos hace felices.

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Acordaos de ser felices